Los maestros hace rato que no cumplen sólo un rol. El viejo trabajo de aportar conocimientos y llenar de herramientas a niños y jóvenes para el futuro, hoy en día y hace rato los ha convertido en gestores, ecónomos, psicólogos, consejeros, administrativos, mediadores, entre otras cuestiones más que podrían agregarse. Y no solamente eso: muchos niños tienen en su “seño” al único ser humano que realmente les da afecto, lo cual encierra un contexto de vida tremendo. La única sonrisa dulce del día, está en la escuelita.

Se sabe que los educadores, por protocolo, tienen la obligación de denunciar cuando un niño o joven les cuenta lo que podría encuadrarse como delitos de abuso, violencia, y otro tipo de maltratos. Y ese compromiso ahora vemos que puede ser mortal. ¿Qué falla? La sociedad está mal, sí, pero a la hora de proteger a un niño, falta coordinación, sentido común y acción de quienes tienen que ponerlas en práctica. Cuando un docente denuncia un hecho, debería ponerse en funcionamiento una cadena de acciones expeditivas y concretas, pero a la luz de que muchas niñas dan a luz hijos de sus propios padres o padrastros, por ejemplo, está claro que nadie hizo nada. “No te metás”… y si te metés… ¿Te pueden matar?

¿Cómo es posible que un delincuente haya sabido que la señorita Vanesa lo denunció si las actas implican confidencialidad y protección del docente? Sin embargo, Cano lo supo y la respuesta a la denuncia fueron 10 puñaladas por la espalda. Al menos cada vez está más encendida la hipótesis de un ajuste de cuentas. Ni hablemos aquí de las falencias en cuanto a las penas que se aplican por ciertos delitos que desnudan toda la inmundicia humana.

Entonces… si a un niño lo golpean o maltratan… si sus padres tienen relaciones con sus hermanitas… si hay promiscuidad total… si lo hacen trabajar a los 10 años… si lo matan de hambre pero no falta el vino ni el “pucho”, un maestro debe callar, porque los que tienen que actuar lo dejan expuesto hasta para que lo asesinen por lo que se ve.

Paradójicamente… los “matan” porque piden más sueldos, porque tienen 3 meses de vacaciones –cosa que jamás existió-, porque hacen paros, porque la presión laboral que tienen al manejar muchas veces tantas situaciones delicadas genera un gran desgaste y se quieren jubilar antes, porque aplazan…

Y sí… cómo le vamos a pedir entonces compromiso ante el bullying si está todo patas para arriba y al revés… para que María Elena Walsh esté más vigente que nunca.

Está claro, como en todo trabajo los hay buenos, malos, descomprometidos y pasados de vivos, pero realmente quizás con esta Mártir de la Educación se empiecen a dar cuenta de que hay mucho que cambiar sobre todo en las escuelas con alumnos con mayor potencial de vulnerabilidad… a lo que ahora más que nunca hay que sumarle que un docente puede morir por amar lo que hace, por tener vocación.

Por Juan Peratitis

Locales – Periódico Corondino